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EL SECRETO DEL PERDON

No es fácil ver a Jesús lavar los pies. No es justo. Los discípulos debían haberse lavado los pies ellos mismos. Natanael podría haber derramado el agua. Andrés los podría haber secado con la toalla. Pero no lo hacen. Ninguno. En lugar de servir, discuten sobre quién es el más grande.

Mientras ellos discuten, el recipiente está allí, en un rincón, sin que nadie le preste atención. La toalla, en el piso. La ropa del siervo cuelga en la pared. Los discípulos lo ven todo. Pero nadie se mueve, excepto Jesús. No dice nada Jesús, solo se coloca de pie, se quita el manto y retira de la pared la ropa de siervo y agrega agua en el recipiente. Se arrodilla ante ellos y empieza a lavarlos. La toalla con que se ciñó es también con la que les seca los pies.

Esto no es justo.

¿No es suficiente que por la mañana esas manos vayan a ser taladradas? ¿Merecen los discípulos tener los pies lavados? Sus sentimientos se han debilitado; sus lealtades se han tambaleado.

Nos gustaría decir…

Jesús mira a Juan, él fue el que te dijo que destruyeran una ciudad, también el que censuró a los que te seguían porque no eran parte de tu grupo. ¿Por qué le tienes que lavar los pies?

Ahora Jacobo. Él quería el lugar de honor junto con su hermano, querían un trato especial. No le laves los pies. Dale una toalla y que sea él, el que lave los pies de todos o que ellos mismos se laven sus propios pies. ¡Que aprendan la lección!

Felipe dijo que no había suficiente comida para alimentar a una gran multitud. Lo sometiste a prueba y te falló. Le diste una oportunidad y la desperdició.

Pedro no creyó en ti. Sus pies caminaron en el agua, pero también sus pies son los mismos que empezaron a hundirse. Claro, confesó que tú eres el Cristo, pero también fue quien dijo que no tenías que morir. Tampoco merece que le laves los pies.

Ninguno lo merece. ¿Alguno salió en tu defensa cuando estuvieron a punto de apedrearte? ¿Se presentó alguno como voluntario para tomar tu lugar cuando los fariseos recogieron piedras para matarte? Tú sabes lo que han hecho y lo peor de todo, lo que están a punto de hacer.

Te dicen que van a permanecer despierto, orando contigo, pero no lo hacen. Mientras tu estas en esta situación ellos están huyendo. Esta noche prometen, mañana se marchan, estarás solo.

Jesús mira alrededor de la mesa. De los doce, ¿Cuántos permanecerán contigo cuando estés ante Pilato? ¿Cuántos sufrirán contigo los azotes de los soldados romanos? ¿Y qué discípulo estará lo suficientemente cerca de ti para encorvarse a tu lado y llevar tu carga cuando caigas por el peso de la Cruz? Ninguno. Nadie. Llamarán a un extraño a que lo haga, porque ninguno de los discípulos estará ahí.

Jesús, no les laves los pies. Diles que te los laven a ti. Esto es lo que queremos decir. ¿Por qué? ¿Por la injusticia? ¿Por qué no queremos ver a nuestro Rey haciendo el papel de siervo? ¿Dios sobre sus manos y rodillas mientras su cabello cae alrededor de su rostro? ¿Nos resistimos porque no queremos ver a Dios lavando pies?

¿O porque no queremos hacer lo mismo? ¿No tenemos a algunas personas como discípulos en nuestro mundo?

· Los rompe promesas

· Los de doble ánimo.

· Amigos, pero sólo en los tiempos buenos.

Lo que dijeron y lo que hicieron fueron dos cosas diferentes.

Ahhh, quizás no te dejaron solo en la cruz, pero sí te dejaron solo:

Con las cuentas

Con tus preguntas

Con tu enfermedad

En el altar

El frío

Con la responsabilidad

Promesas olvidadas

Contratos abandonados.

La lógica dice: “Dale un puñetazo”.

Jesús dice: “Llena el recipiente”.

La lógica dice: “Rómpele la nariz”.

Jesús dice: “Lávale los pies”.

La lógica dice: “No se lo merece”.

Jesús dice. “Tienes razón, pero tú tampoco”.

No puedo entender cómo Dios puede ser tan amable con nosotros, pero lo es. Se arrodilla ante nosotros, toma nuestros pies en sus manos y los lava. No podemos quitarnos nuestro pecado. Nuestros pies tienen que estar en sus manos. No pases por alto el significado de esto. Poner nuestros pies en el recipiente de Jesús es poner las partes más inmundas de nuestras vidas en sus manos. Va a lavar la parte más sucia de tu vida.

Este es el secreto del perdón. Nunca podrás perdonar más de lo que Dios ya te perdonó. Sólo permitiendo que te lave los pies puedes tener fuerzas para lavárselos a otros.

¿Difícil de considerar la posibilidad de perdonar a quien nos ha herido? Jesús le lavo los pies a todos, no se le escapó ninguno. Le lavó los pies a Judas. Trató al traidor igual que los demás.

Digamos que no fue fácil para Jesús.

Digamos que no va a ser fácil para nosotros.

Digamos que Dios nunca nos pedirá hacer algo que Él ya no haya hecho.



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