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EL UNICO QUE SE QUEDO

Siempre me he imaginado a Juan como un individuo que vio la vida de una manera simple. “Lo correcto es lo correcto y lo equivocado es lo equivocado, y las cosas no son tan complicadas como nosotros las hacemos parecer”.

Por ejemplo, definir a Jesús sería un desafío para el mejor de los escritores, pero Juan cumple con esta tarea con una casual analogía. El Mesías, en una palabra, era “La Palabra”. Un mensaje andante. Una carta de amor. Ya sea, en momentos, un enérgico verbo, y en otros un tierno adjetivo. El era, simple y llanamente, una palabra. ¿Y la vida? Bueno, la vida está dividida en dos secciones luz y tinieblas. Si usted está en una no está en la otra, y viceversa.

¿La siguiente pregunta? “El diablo es el padre de mentira y el Mesías es el padre de verdad. Dios es amor y usted está de su parte si usted también ama. En realidad, la mayoría de los problemas son resueltos por amarse los unos a los otros”.

Algunas veces, cuando la teología se pone un poco más complicada, Juan hace una pausa lo suficientemente larga para ofrecer una palabra de explicación. Debido a su paciente narración de la historia, tenemos el comentario clásico: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo Unigénito”.

Pero a mí me gusta más Juan por la manera en que amó a Jesús. Su relación con Jesús fue, nuevamente, bastante simple. Para Juan, Jesús fue un buen amigo con un buen corazón y una buena idea. Un narrador de historias que aparece sólo una vez en la vida, con una promesa que va más allá del arco iris.

Uno tiene la impresión de que para Juan, Jesús era ante todo un compañero leal. ¿El Mesías? Sí. ¿Hijo de Dios? En verdad. ¿Hacedor de milagros? Eso también. Pero más que cualquier cosa, Jesús era un compañero, alguien con el cual usted podría ir de paseo o con el cual podría compartir su tiempo contando las estrellas. Simple. Para Juan, Jesús no era un tratado sobre activismo social ni era un permiso para desaparecer las clínicas de aborto o vivir en un desierto. Jesús era un amigo.

Ahora, ¿qué hace usted con un amigo? (Bueno, eso es muy simple también) Usted está junto A El. Tal vez por eso fue que Juan es el único de los doce que permaneció al pie de la cruz. El vino a la cruz para decir adiós. Por sus propias declaraciones él no había podido poner todos los pedazos juntos todavía. Pero eso no importaba realmente. Hasta donde él sabía, su amigo más íntimo estaba en problemas, y él vino para ayudar. “¿Puedes cuidar de mi madre?” “Por supuesto, para eso están los amigos”

Juan no enseña que la más fuerte relación con Cristo no es necesariamente una relación complicada. El nos enseña que los lazos más grandes de lealtad son tejidos, no con teologías demasiado profundas o con necias pruebas de filosofía, sino de amistad. Inquebrantable, desinteresada, gozosa amistad.

Después de testificar su inquebrantable amor, nos quedamos con un ardiente deseo de tener un amor como ese. Nos quedamos sintiendo que si pudiéramos haber estado en las sandalias de alguno ese día, habríamos estado en las del joven Juan y hubiéramos sido los únicos en ofrecerle una sonrisa de lealtad a nuestro querido Señor.

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