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LA ÚLTIMA CARTA DE UN CAMIONERO

Amor mío: Esta es una de esas cartas que ningún hombre quisiera escribir, pero me quedan pocos minutos para expresarte lo que he olvidado decirte: ¡Te amo corazón!

Solías decir en broma que yo amaba más al camión que a ti, porque pasaba más tiempo con él. Amo este pedazo de hierro; se ha portado bien conmigo. Me acompañó en momentos y en lugares difíciles. Siempre podía contar con él, y era veloz; nunca me abandonó. Pero ¿sabes una cosa? A ti te amo por las mismas razones; también me acompañaste en tiempos y lugares difíciles.

¿Te acuerdas de mi primer camión con el que apenas ganaba lo suficiente para la casa? Tu salías a trabajar para poder pagar el alquiler y las cuentas; lo que yo ganaba se lo llevaba el camión, tu sueldo cubría la comida y el techo. Yo me quejaba del camión, en cambio no recuerdo que tú lo hayas hecho alguna vez. Si te quejaste, no te escuché, estaba demasiado sumido en mis problemas para pensar en los tuyos.

Ahora pienso en todas las cosas a las que renunciaste por mí; la ropa, las vacaciones, las fiestas, las amigas. Yo, por algún motivo, nunca te di las gracias por ser como eres: cuando me reunía con mis compañeros hablaba de mi camión, pero me olvidé que eras mi socia. Fue gracias a tu sacrificio decisión, no solo por los míos, que finalmente llegó el camión nuevo. Yo estaba orgulloso por él, también lo estaba de ti, pero nunca te lo dije.

En todos estos años de viajes siempre supe que me acompañabas con tus oraciones, pero esta vez no alcanzaron. Estoy herido y es grave; he recorrido mi último kilómetro.

Por eso quiero decir las cosas que debí hacer pero que quedaron olvidadas porque estaba muy ocupado en mi trabajo. Pienso en los aniversarios y cumpleaños sin mi presencia, en tantas cenas familiares a las que debiste justificar mi ausencia por alguna causa, en los actos escolares a los que fuiste sola, en tantas veces que se me ocurrió llamarte pero no lo hice, en la tranquilidad de saber que me esperabas en casa con nuestros hijos. Eres hermosa.

Creo que llevo mucho tiempo sin decírtelo. En mi vida he cometido muchos errores, pero si alguna vez tomé una buena decisión fue pedirte que te casaras conmigo. En las buenas y en las malas siempre has estado ahí. Te amo querida, y amo a los hijos. Me duele el cuerpo, pero más me duele el corazón, cuando termine este viaje tú no estarás allí. Por primera vez desde que estamos juntos me siento sólo y asustado, te necesito pero sé que es tarde. Veo tu cara, siento tu amor, pero tengo miedo de hacer solo este tramo final.

Diles a los muchachos que los quiero; no dejes que ellos se ganen la vida como hice yo. Eso es todo. ¡Cómo te quiero! Dios mío. Cuídate mucho y recuerda siempre te amé como a nada en la vida. Sólo que olvidé decírtelo.

Anónimo

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