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¡Que no te sorprendan con las manos en la masa!

 
 

Todos sabemos que el consumo
de harinas refinadas como el pan, el arroz, las tortas, las pizzas, las donas,
las galletas, los dulces, entre muchos otros productos, no son nada
beneficiosos para nuestra salud, ya que no aportan ningún tipo de ingredientes
a nuestro organismo pero sí exigen a este un esfuerzo para poder procesarlos.
Por otra parte, las harinas
integrales aportan energía de forma gradual sin desequilibrar los niveles de
azúcar en la sangre. Las calorías que aportan son procesadas por el hígado, se
convierten en glucosa y son distribuidas en forma de energía conforme el cuerpo
lo necesite. Claro, esto no quiere decir que consumir en exceso harinas
integrales sea bueno para la salud, pero sí son mucho más beneficiosas.
Para que nuestro cuerpo pueda
metabolizar las harinas refinadas y aprovechar la energía (porque sí aportan
energía) se requiere expulsar todos los nutrientes alojados en nuestros
tejidos, y es por esto que a estos alimentos se les conoce como anti-nutrientes.
Así mismo, las harinas
tradicionales se convierten rápidamente en glucosa, que se almacena en el
hígado y en los músculos, obligando al páncreas a generar mucha más insulina
que la necesaria. Es más, si el consumo de estos carbohidratos es muy elevado,
la glucosa puede quedar en la sangre y convertirse en grasa almacenada, y
posteriormente en diabetes. 
Además de ocasionar
enfermedades como sobre peso, obesidad, diabetes, hipertensión, osteoporosis,
entre otros, también tienen efectos más inmediatos como pesadez, sueño,
dispersión, falta de memoria e, incluso, tristeza.
Esto se debe a que los
carbohidratos tiene un efecto de “droga” en algunas personas, pues actúa como
adictivo y/o como calmante de situaciones de estrés, tristeza o depresión,
aumentando así su ingesta en cantidades casi alarmantes. Para esto, los
expertos recomiendan saciarse con alimentos como los frutos secos o frutas.
Con esta información no se
pretende que se elimine por completo las harinas de nuestra dieta, pues como se
mencionó anteriormente estas aportan energía. Pero lo que si se pone en tela de
juicio es la cantidad y las veces que las consumimos. Lo ideal es ingerirlas a
la hora del almuerzo y solo una harina refinada por porción.

 
Sí los reducimos estos son
algunos de los beneficios para nuestro organismo:

 

1.       Adelgazar
sin tener que comer en menor cantidad.

2.       Sentir
saciedad y no tener que picar entre comidas.

3.       El
nivel de triglicéridos en la sangre se disminuirá.

4.       Los
niveles de colesterol bueno (HDL) se incrementarán.

5.       Para
quienes sufren de hipertensión esta logrará estabilizarse.

6.       Se
reducen las posibilidades de reducir una enfermedad cardiovascular.

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