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UNA MIRADA AL DIVORCIO


El matrimonio es llamado a ser una imagen terrenal del pacto celestial de Dios con la iglesia. Debe mostrar al mundo la hermosura del amor incondicional de Dios por nosotros. La realidad nos muestra que todo matrimonio pasa por muchas y variadas crisis. El resultado de esas crisis. El resultado de esas crisis será de acuerdo a cómo estas se enfrenten.
“La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas… porque crisis trae progresos. la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura… Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”… El problema de las personas es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en las crisis donde aflora lo mejor de cada uno… Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. Albert Einstein.
Si estás en plena crisis matrimonial y estás a punto de divorciarte es bueno que te detengas a reflexionar y te preguntes: ¿He agotado todos los recursos dispuestos por Dios para salvaguardar mi matrimonio?
“Se como las olas del mar, que aún rompiendo contra las rocas encuentran fuerzas, para volver a empezar”. S. Bambaren.
Si tu matrimonio fracasa o tu cónyuge se va, que no sea porque te diste por vencida. Haz el máximo esfuerzo de tu parte; lucha por el amor. El amor es una elección y un compromiso; si no hay compromiso, cuando llega una crisis el vínculo se rompe. El compromiso distingue una relación frágil de una sólida. Si deseamos un amor sólido debemos establecer el compromiso de lograrlo; un compromiso que se reflejará en las acciones y en los pensamientos. El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente.
La esencia de una relación amorosa sana y feliz, ha de estar centrada en lo que uno da(amor ágape, amor incondicional) en lugar de lo que uno puede sacar de ella.
No siempre dejarnos guiar por nuestro corazón es lo más sensato. Las personas olvidamos que los sentimientos y las emociones son cambiantes, superficiales, pueden fluctuar según las circunstancias. Por hacer caso a su corazón hay quienes abandonaron a su compañero de toda la vida para perseguir una falsa ilusión. Lo que aveces tiene apariencia de conveniente por un momento, puede resultar un trago amargo un tiempo después. Hay quienes buscan un cambio y dejan de lado sus compromisos más sublimes bajo el argumento de que ya no aman como antes.
Procura una estrecha relación con Dios, y Su guía te impartirá la sabiduría para tomar las decisiones más acertadas, las que te proporcionarán la auténtica paz y edificarán tu vida. “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”. Prov. 14:1. Si hoy no estás enamorada de tu cónyuge, quizás se deba a que ayer dejaste de depositar tu interés en ello. Dijimos que el amor es una decisión, una elección de cada día. El amor no es solo un sentimiento. Es también un mandato. En la medida que le des el primer lugar a Dios, siguiendo sus consejos, Él intervendrá y te guiará a buen puerto.
Así como el amor es una decisión, también lo es el perdón. Este desafío de decidir perdonar quizás sea el más difícil dentro de las relaciones amorosas. Imposible perdonar si no lo hacemos con la mirada de Dios. Y aun cuando tomamos la decisión de perdonar, hay un proceso por el cual solo gradualmente se va mitigando el dolor que nos causaron las heridas punzantes en el alma hasta que sanan por completo.
El no querer perdonar, el enojo y amargura hace a la persona prisionera de esos sentimientos. La falta de perdón lleva a la persona a estar atrapada. Perdonar no significa que los malos actos están justificados. Simplemente significa que le entregas el asunto a Dios; lo sueltas, para que Él haga justicia.
Los matrimonios victoriosos no están conformados por personas que nunca se lastimaron, sino por aquellos que decidieron no estancarse en el mal recibido, sino que trataron de superarlo.
Decídete a reconstruir tu matrimonio sobre la Palabra de Dios; porque cuando todo lo demás fracasa, la verdad de Dios seguirá en pie.
“Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará” Salmo 37:5

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