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USA LAS VIRTUDES PARA AGRADECER

La autoestima es la suma total de cosas exactas y positivas que cada uno sabe de sí mismo. Tanto los niños como los adultos necesitan una buena cantidad de espejos cuando hacen el esfuerzo de desarrollar una virtud. Necesitan que alguien les diga cómo es su conducta, que alguien repare en ella y la agradezca, no por habernos complacido, sino por honrar a su propia naturaleza. Busca señales de esfuerzo realizado y recompénsalas, no con golosinas, sino agradeciendo las virtudes. No conviene agradecer continuamente cada acción de tus hijos que te complazca; eso fomentaría la dependencia excesiva del elogio.

Antes bien, agradece las virtudes en esas oportunidades de enseñar en que el niño merezca el reconocimiento. Eso es lo que fomenta la fortaleza interior y una auténtica autoestima.

Las oportunidades de enseñar más significativas se presentan cuando el niño está haciendo un esfuerzo por dominar una virtud todavía no desarrollada. En generaciones anteriores se tenía cierta extraña idea de que no era conveniente alabar a los niños, pues los elogios podían “subírseles a la cabeza”.

Cuando una persona de cualquier edad muestra un valor desacostumbrado o se muestra tiernamente considerada, es muy buen momento para decir: “Aprecio tu valor” o “Has sido muy considerado. Gracias”. La persona temerosa que exhibe coraje, la persona típicamente egoísta que se muestra considerada, son las que necesitan recibir por reflejo ese poco de luz nueva. De ese modo, el lenguaje de las virtudes nos ayuda a recordar lo que realmente somos.

Los niños son muy sensibles a la justicia y a la sinceridad de tus reacciones. Los niños saben bien si han actuado bien, si merecen realmente el reconocimiento. Tal vez por eso suelen alterarse ante un elogio inmerecido o excesivo. Cuando el reconocimiento se concentra en las virtudes, los niños reciben el reflejo más efectivo que sea posible. Eso les permite verse a sí mismos.

Agradece el esfuerzo señalándolo, con una mirada, una sonrisa o un contacto suave. No siempre se requieren las palabras. LO QUE SE COMUNICA ES MÁS EL ESPÍRITU QUE LAS PALABRAS.

Sin embargo, resulta útil reflejar con el lenguaje de las virtudes en el caso en que un niño necesite saber qué aspecto tiene su conducta. “Hoy vi que eras tolerante y que perdonabas a tu amiga por quitarte el camión”; “Noté que hoy estuviste muy firme con tu amiga cuando te quitó el camión”, dicho a un niño propenso a dejar que otros violen sus límites, despierta y fortalece su capacidad de defender sus derechos.

Existen muchas maneras de reconocer una virtud:

“Te respeto por la valentía que demostraste cuando…” (Especifica la situación)

“Quiero agradecerte la valentía de haber…”

“veo que estas portándote con valentía.”

“Has sido muy valiente.”

Cuando pidas algo, hazlo de manera específica y positiva, eso hace reconocer respetuosamente las cualidades que aparecen en tu hijo o hacia otras personas.


FRASE

“La virtud de un hombre no se mide por sus esfuerzos, sino por sus obras cotidianas”

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